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¿Estás en una relación violenta?

¿Estás en una relación violenta?

Se habla mucho de la violencia en las relaciones, en la mayoría podemos fácilmente reconocer algunas formas de esta como las agresiones físicas y verbales más obvias, pero la mayoría de veces no nos damos cuenta o justificamos formas más sutiles que nosotros mismos utilizamos día a día. Son ataques encubiertos a los que no solemos reaccionar porque la agresión no es tan directa, o puede que incluso no se busque realmente hacer daño.


Sin embargo, al ser constante, va destruyendo nuestra autoestima y la confianza que tenemos en nosotros mismos y en la relación. Y cuidado, porque no estamos hablando sólo de relaciones de pareja, esto es algo que se aprende en el núcleo familiar y que más tarde utilizamos o permitimos en todo tipo de relaciones.

Krish y Amana Trobe del Learning love Institute nos hablan de algunas de estas formas violentas mucho más sutiles que las mencionadas en el párrafo anterior:


  • Demandar
  • Tener expectativas sobre el otro y creer que él/ella tiene que cumplirlas
  • Forzar nuestra voluntad en la otra persona
  • Tomar el micrófono y no soltarlo durante una conversación, no escuchar a la otra persona
  • No sentir al otro /otra
  • Cortar todo tipo de comunicación
  • Jugarle a la víctima
  • Controlar
  • Criticar
  • Hacer bromas a expensas de la otra persona
  • Culpar y quejarte
  • Gritar , actuar desde la ira
  • Analizar, terapear o rescatar a la otra persona


Estas son algunas de las conductas que ejercemos frecuentemente y que violan los límites de los otros llegando incluso a destruir la relación

En general estas son conductas crónicas que surgen cuando somos provocados de alguna manera, cuando no obtenemos lo que queremos de la pareja o hijos o incluso amigos o cuando sentimos que están invadiendo nuestros límites. Y cuando nos detonan algo, actuamos compulsivamente.

Es muy posible que incluso no reconozcamos estas conductas como agresivas, sobre todo si solemos alejarnos, cortar comunicación, usar control o juicios


  • “Yo puedo alejarme cuando quiera, además estoy muy enojada/o para hablar”
  • “Tengo derecho de esperar esto de él (ella), es mi pareja (hij@, amig@, etc)”
  • “No es que lo (la) juzgue, es mi opinión y que haga lo que quiera” 


Estas conductas afectan nuestras relaciones y es importante entender que cuando actuamos de estas formas estamos dañando esa relación. Aunque la otra persona no diga nada. Necesitamos darnos cuenta de lo que hacemos y de donde viene esta conducta. Traer luz a nuestras formas de relacionarnos si realmente queremos construir mejores relaciones.

Todas estas conductas surgen de nuestros miedos:


  • Miedo a ser invadidos
  • Miedo al abuso
  • Miedo de ser rechazados
  • Miedo a la cercanía
  • Miedo a ser expuestos
  • Miedo a perdernos en el otro


Como hemos visto anteriormente, todos estos miedos tienen su origen en experiencias dolorosas de la infancia y pretenden protegernos de posibles daños

Son patrones tan viejos, tan automáticos, reactivos, compulsivos, tan habituales en nosotros que ni siquiera nos damos cuenta del miedo que llevan atrás y no sabemos de que otra manera relacionarnos.

Además estamos firmemente convencidos que están justificados.

Un ejemplo:

Pablo, un exitoso hombre de negocios tiene una relación con Alicia, quien está totalmente impresionada con su carisma, su inteligencia y su riqueza y le encanta que él se haga cargo de ella. Pablo permanece en control intimidándola: analizando sus fallas y sus emociones, comprándole regalos y llevándola de viaje. Cuando habla de su necesidad de controlarla, él reconoce que necesita ser el que manda para asegurarse que ella no tome ventaja y abuse de él. Es la forma que siempre se relaciona con las mujeres, las hace ver todas sus fallas y sus “debilidades”, eso le da uns sensación de superioridad y las mantiene a raya. Esto le ayuda a no sentirse vulnerable.

Casi siempre nuestros mecanismos de defensa son violentos.

Sin embargo, nuestra necesidad de protegernos de más dolor es tan profunda y abrumadora que no podemos ni siquiera imaginar comportarnos de otra manera y no recocemos el precio que pagamos por actuar de estas formas.

El resultado devastador es que esta protección automática daña la confianza tan delicada que necesitamos para permitir que el amor crezca y florezca. Crea resentimiento y a la larga destruye la relación.

Ya sea que seamos nosotros los que usamos este tipo de agresión “escondida” en nuestras relaciones o que la permitimos es importante recordar algunos puntos:

Ser consciente de que las palabras dañan tanto como una bofetada.

No importa lo aparentemente inofensivo que sea el comentario, o lo inocente de esa bromita, si para ti no está bien, no lo permitas. Expresa tu descontento; una frase con la que puedes iniciar es “para mí no está bien….”

Aprender a poner límites. Esto lo logramos siendo sensibles y empáticos hacia nosotros y hacia los demás. Una persona que permite ser invadida seguramente está invadiendo a otras de alguna manera. Y generalmente ni cuenta nos damos.

Hay personas que no respetarán tus límites aun cuando lo pidas de la mejor manera. Quien no entiende que has sido herid@ carece de empatía, y no dispone de la adecuada inteligencia emocional para establecer relaciones saludables. Son personas tóxicas y lo mejor es alejarse de ellas, ya que solo te causarán sufrimiento.

El siguiente es un proceso de tres pasos desarrollado por la escuela “Learning Love Institute” para aprender a detener nuestras conductas violentas en las relaciones:

Reconocer, frenar y contener


En este primer paso aprendemos a reconocer cuando estamos siendo agresivos hacia la otra persona, tomando como referencia las conductas mencionadas arriba. Luego necesitamos aplicar disciplina para frenar estas conductas conteniendo nuestra frustración y la compulsión de reaccionar en las viejas formas.

Respirar, sentir e ir hacia adentro


En este segundo paso, necesitamos tomar el tiempo para respirar en la frustración, sentir la agresión, el dolor que causa y preguntarnos “¿cuál es mi miedo que está detonando esta conducta y de dónde viene?”. La forma de saber si una conducta es agresiva es tomarte el tiempo para sentir tu cuerpo, generalmente hay una contracción en el área del plexo solar, estómago y pecho, una sensación de separación, de rompimiento con la otra persona y después el dolor por haber lastimado a esa persona que amamos o apreciamos. Otro de los síntomas es que nos estamos enfocando en la otra persona.

Reparar y reconectar


Este último paso es crucial. Involucra reparar las faltas hablando y compartiendo con la otra persona, reconociendo como estas conductas dañan la confianza, exponiendo nuestros miedos escondidos y disculpándonos de corazón.

Sin embargo, solo podemos tomar este último paso si no justificamos nuestra conducta y si realmente trabajamos con el dolor y la ira que seguimos cargando del pasado por todas esas veces que fuimos maltratados, o abandonados cuando éramos vulnerable y pequeños.

Vía: SkyNews.