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La autoimagen y cómo mejorarla en sencillos pasos

La autoimagen y cómo mejorarla en sencillos pasos

Una de las cosas imposibles para cualquier persona es saber cómo se ve en realidad, todos tenemos una idea de nuestra imagen, nos podemos ver al espejo, escuchar nuestra voz, pero siempre desde una perspectiva muy diferente a la que tienen los demás, es ahí donde entra la autoimagen.

La imagen corporal no es lo mismo que el cuerpo real, de lo real poco sabemos, por ejemplo, sabemos que tenemos un corazón y lo podemos imaginar sin necesidad de verlo en lo real, mucho menos de tocarlo. Del cuerpo real solo sabemos que existe, que siente y reacciona frente a los estímulos y que tiene órganos, huesos y músculos. Sabemos que tiene un sexo y tiene funciones biológicas. La imagen corporal es otra cosa, ésta se va formando como una idea, y en ese sentido, se va enriqueciendo o empobreciendo según sea el caso. Desde que nacemos, aquellos que nos aman son los encargados de ayudarnos a construir esa imagen, por ejemplo, la mamá le dice amorosamente a su bebé, “esta es tu manita, qué bonita mano”, “eres muy ágil en los deportes, y hay otros niños que también lo son”, o bien, se transmiten ideas que dificultan construir una imagen fuerte que tolere la falla, por ejemplo, “no eres como esperaba, no te pareces a mi” “eres superior en todos los sentidos a todos los demás niños”. Ojo, es importante saber que estos son ejemplos, pero la construcción de la imagen no se hace solamente a través de lo que le dicen al bebé, sino de lo que él percibe, de lo que sus padres esperan de él, de lo que piensan (aunque no lo digan), sobre él. El reconocimiento del cuerpo, como propio y la formación de una imagen corporal tienen sus bases en la infancia pero afortunadamente siempre es posible modificarla.

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE AUTOIMAGEN Y AUTOESTIMA?


La autoimagen y la autoestima, no son más que la idea que tenemos de nosotros y cuánto valoramos eso que pensamos que somos. En este sentido, hay muchas posibilidades, hay quienes pueden aceptar sus cualidades y sus limitaciones, hay quienes se sienten completamente inflados, sin defectos, pensando que son lo máximo (como si esto fuera posible) y entonces, frente a la más mínima frustración se muestran despectivos e intolerantes;  hay quienes nunca están conformes con su cuerpo ni con quienes son y se sienten inferiores a los demás. Sea el caso que sea, finalmente nos vemos como alguien más nos vio en nuestra infancia (hablo de aspectos conscientes e inconscientes, no dichos), pero esto no significa que estemos condenados a repetirlo.

Hablando de cómo mejorar la imagen que tenemos de nosotros, podría dar tips y hablar de cómo ejercitarse, comer saludablemente, arreglarse, tener buena actitud, etc. No lo hago porque si eso se pudiera hacer todos lo harían sin mayor problema y santo remedio. La autoimagen es mucho más compleja y va mucho más allá de tener un cuerpo que cumpla con ciertos estándares de belleza. Hay gente que estéticamente puede ser atractiva pero eso no implica necesariamente que se sienta valiosa; o hay personas que aparentan tener mucha seguridad o sentirse totalmente infladas y por dentro más bien tienen muchas carencias.

¿CÓMO MEJORAR NUESTRA AUTOIMAGEN?


Primero, sabiendo que aquello que creemos que los demás ven de nosotros, es un reflejo de lo que proyectamos. Ojo, no quiero decir que a propósito decidamos reflejar x o y característica en los demás; sino que todos nos sentimos de tal manera que los demás perciben y a partir de ella nos tratan.

Es posible modificar la imagen que tenemos de nosotros y, por lo tanto, la percepción que los demás tienen de nosotros.

En este tema no hay culpables, si pensamos que los demás son quienes no nos valoran y nos hacen sentir menos, hay que reflexionar por qué está sucediendo esto, qué papel tenemos en esa dinámica y cómo podemos modificarla.

Modificar nuestra autoimagen requiere paciencia y trabajo, se pueden hacer algunos cambios rápidos, pero es un proceso que implica esfuerzo, no es magia.

Sentirnos mejor nos hará vernos mejor. Pensar que somos valiosos, hará que los demás nos valoren. Saber que todos tenemos defectos, nos hará más tolerantes, menos rígidos con los demás y con nosotros mismos.

Para mejorar nuestra autoimagen hay que empezar desde dentro, pensando: ¿cómo me veo respecto a los demás? ¿De dónde viene esta mirada? ¿Qué me gustaría modificar de eso que veo en mí, de eso que pienso de mi? Ojo, no hablo de lo real, este tema no tiene que ver con ser gordo o flaco, sino con sentirse valioso o no valioso frente a los demás.

Tener presente y no olvidar, que siempre, en cualquier situación, habrá gente que desde nuestra perspectiva sea “mejor” o “peor”. E intentar pensarlo más bien desde la diferencia, no tanto desde el juicio. “Él es diferente a mi” en vez de “él es mejor que yo”.

Identificar aquello que nos gusta de nosotros y valorarlo sin exagerarlo. Puedes considerarte inteligente y hay que reconocer eso, pero no quiere decir que esa característica te convierta en alguien superior ni que seas forzosamente inteligente en todas las situaciones, todo el tiempo.

Lo más importante, identificar qué nos hace sentir poco valiosos, qué ideas tenemos que nos hacen sentir inferiores frente a los demás y poder rastrear de dónde vienen, por qué las tenemos tan arraigadas, cuestionarnos si son realmente ciertas, ¿realmente somos así como siempre lo hemos pensado?

Si nos damos cuenta de que la imagen que tenemos de nosotros es poco valiosa y nos hace sentir tristes, enojados y frustrados, es recomendable buscar ayuda profesional para trabajar con esas ideas negativas. Podremos hacer modificaciones en la forma de vestir, de arreglarnos, de hablar, bajar o subir de peso, pero la IDEA que tenemos de quienes somos solo se puede modificar haciendo un trabajo profesional, con compromiso y paciencia.

Ideales sociales y familiares siempre habrá, algunos son inalcanzables, hay personas que son tan exigentes consigo mismas que siempre se sienten muy frustradas. En una sociedad que le da mucho peso a la apariencia y a lo positivo, es complicado valorar todo lo demás y reconocer las limitaciones, pero no es un trabajo imposible.

Por: Claudia Rodríguez Acosta, psicoanalista.
Vía: Women'sHealth.