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¿Por qué los niños se chupan el dedo?

¿Por qué los niños se chupan el dedo?

La succión del dedo pulgar es un hábito de consuelo muy común en los niños más pequeños. El deseo que tiene un bebé de chuparse el dedo es normal, y según cuenta la psicóloga y pediatra Dra. Cindy Gellner, es mejor no impedírselo durante los primeros años, antes de que aparezcan los dientes permanentes.

El hábito de chuparse el dedo


«Chuparse el dedo es una forma común que tienen los niños de consolarse. Si lo hacen, por lo general es antes de los tres meses. A veces los bebés se chupan los pulgares incluso antes de nacer, y es algo realmente lindo de ver en un ultrasonido», dijo Cindy Gellner en una entrevista para la universidad de Utah.

La especialista dijo que sin el reflejo de succión, los bebés no comen y que la necesidad de succión es más fuerte en los primeros seis meses de vida: «Solo el 6 % de los bebés que se chupan el pulgar continúan luego del año, y solo el 3 % continúa después de los dos años. Algunos estudios estudios encontraron que el 15 % de los niños de cuatro años todavía se chupan el dedo».

Los niños se llevan el dedo a la boca cuando están cansados, molestos o aburridos. Los niños que continúan chupándose los pulgares después de los cuatro años es probable que sientan estar en una lucha de poder con un padre que ha tratado de detener que se chupe el dedo, comentó Gellner.

¿Cómo ayudar a tu hijo a que deje de chuparse el dedo?


La doctora recomienda distraerlo con otra cosa o simplemente ignorar que se chupa el dedo, si el niño tiene menos de cinco años. Sobre todo motiva a los padres a que ayuden al pequeño a superar una situación estresante, en vez de reprimirlo:

«Si la succión del pulgar se debe al aburrimiento, dale algo para que se entretenga con sus manos, sin mencionar la succión del pulgar. Cualquier presión que se ponga sobre ellos para detener la succión del pulgar, solo provocará resistencia y se sentirá frustrado».

Si tiene cinco años o más, la especialista explica que hay que hablarle al niño ya que tiene edad para razonar y trabajar en ese mal hábito. Hay que decirle que ese hábito está dañando su dedo y sus dientes, y contarle los problemas que puede tener si sigue haciéndolo. La mayoría de los niños se asustarán lo suficiente como para querer detenerse. También se puede motivarlo con actividades manuales para dejar el hábito.

La espera y la paciencia es fundamental para que el niño deje el hábito. «Si conviertes el problema en un enfrentamiento, perderás, ya que el pulgar le pertenece a tu hijo, no a ti. Recuerda que los padres no pueden eliminar el hábito de su hijo. El hábito le pertenece a tu hijo, y tu hijo debe estar dispuesto a cooperar y aceptar la responsabilidad de eliminar el hábito», recuerda la doctora.

Por: NOELIA FARIAS.
Vía: iMUJER.