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¿Cómo evitar que nuestros hijos digan mentiras?

¿Cómo evitar que nuestros hijos digan mentiras?

Aunque muchos padres ni siquiera se lo han planteado, para otros las mentiras de sus hijos representan todo un problema. Las influencias que los niños de todas las edades reciben por medio de la televisión, las películas, los videos y juegos muchas veces legitiman diferentes tipos de engaño.

También es importante notar la influencia más grande que los pequeños tienen en este sentido: sus padres. En este rol solemos presentarles la falsedad enmascarada de diferentes formas, a veces de manera consciente y otras inconsciente. Por fortuna, existen distintas maneras de evitar que nuestros hijos mientan:


Evitar los castigos


Castigar al niño o enviarlo «al rincón de pensar» por haber mentido no modificará su comportamiento. Simplemente no entenderá el porqué del castigo y (lo que es peor) se pondrá triste y angustiado por tener que quedarse solo en el momento en el que más necesita la presencia de sus padres.

Sermonear al niño tampoco ayudará en absoluto porque el niño tampoco asimiliará el hecho de que no debería haber mentido, y lo más probable es que vuelva a repetir su accionar. En todo caso, la responsabilidad se vuelca hacia los padres para que seamos nosotros quienes les marquemos el camino de la verdad y que luego sean ellos quienes, mediante la observación, puedan replicarlo.


El hábito de decir la verdad


Una de las formas más efectivas de evitar las mentiras (o al menos reducirlas) es guiar al niño para que pueda conformar un hábito en torno a la honestidad. Para lograrlo será clave ser conscientes de nuestro rol como sus principales referentes y, en pocas palabras, enseñarles con el ejemplo. Esto quiere decir que cuando nos expresemos en su presencia (aunque no nos estemos dirigiendo directamente al niño) deberíamos siempre decir la verdad.

Este método aplica tanto para las situaciones que nos sucedieron en la infancia como para las actividades que hemos realizado en el día. Cualquier comentario o tópico que sea verídico estará bien. Cuantas más instancias de «ejemplos de honestidad» le brindemos al niño, más sencillo será para él luego poder situarse y repetir la lógica. Si para nosotros decir la verdad es un hábito, lo será también para nuestros hijos.

Si bien las influencias externas existen y puede injerir en la vida del niño y en sus elecciones, lo cierto es que como padres somos su principal referencia. El ejemplo que les mostremos en la vida diaria será una de las enseñanzas más valiosas que puedan tomar. Está en nosotros aprovechar al máximo esta oportunidad para guiarlos hacia un camino honesto consigo mismos y con el resto del mundo.

Por: AGUSTINA LÓPEZ.
Vía: iMUJER.