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Qué hacer cuando te quedas sin pareja a los cuarenta

Qué hacer cuando te quedas sin pareja a los cuarenta

El amor verdadero es para siempre. Casi nadie reconoce creerse esta milonga, pero nos la hemos comido con patatas. Después de los primeros seis o siete años, pasadas las crisis de rigor, esas que supuestamente nos fortalecen y nos hacen maduros, creemos que nuestra pareja es indestructible, tan fiable como el suelo que pisamos. Si a los cuarenta, aproximadamente, con una trayectoria vital que parecía trazada con tiralíneas, nuestra otra mitad decide dejar de querernos, el terremoto puede hacer dos cosas: deprimirnos al máximo o simplificar las cosas muy rápido.

Vamos a intentar que sea lo segundo dándote unas cuantas ideas asequibles que funcionan a corto plazo y que han sido testadas en primera persona sin control dermatológico. Sin ningún tipo de control, qué demonios, porque por fin tu vida es tuya y ya no te controla ni la madre que te parió.
Cambios, cambios, cambios

Quizá te parece obvio, pero muchos se quedan bloqueados y tras el brutal impacto piensan que ya han tenido bastantes emociones por ahora. Se enclaustran, física y psicológicamente, y dejan para más tarde las decisiones complicadas, como mudarse o cambiar de trabajo.

Cada uno tiene sus ritmos y todos son igual de respetables, pero por norma general es un momento perfecto para los cambios. Lo que creías indispensable se ha venido abajo y sigues vivo: no tienes nada que perder. ¿Qué es lo peor que puede pasar si te equivocas?

No vas a llenar el vacío que deja una persona amada a base de entretenimiento, pero siempre será mejor experimentar algo nuevo que quedarte pensando en tu mala suerte varias horas al día. ¿Siempre has tenido dudas de si serías más feliz en otra parte o haciendo otra cosa? Inténtalo mejor ahora que dentro de un año. Mejor mañana que el mes que viene. Si te sientes perdido, cambia lo que tienes alrededor y asociarás esos nervios al cambio bueno en lugar de al malo. Sarna con gusto no pica, y es normal estar perdido cuando acabas de aterrizar en otra ciudad o en otro trabajo. Si no funciona, no habrás perdido nada.

Este es el testimonio de Andrea, que llevaba con su novio diez años, desde los ventitantos. Es especialmente duro para las mujeres si no han tenido hijos y quieren tenerlos: "Es una edad que te obliga a tomar decisiones muy importantes, porque tu cuerpo no te acompaña. Volver al mercado es muy complicado, porque tienes que sacar temas delicados a la primera de cambio, ya no estás para perder el tiempo: ¿quiere tener hijos? ¿Quiere una relación estable? Por otro lado recuperas la ilusión adolescente de tomar decisiones. Cambiar de trabajo, de ciudad, de vida. Que me dejara me hizo replantearme que quizá había más cosas que faltaban, en este caso no era feliz con mi trabajo. Vi que igual que cambiaba de estado sentimental podía afrontar un cambio laboral y tomé riesgos por primera vez en mi vida, dejé un puestazo en el que no era feliz".

Y hay muchas formas de recuperar esa emoción y de correr esos riesgos. El método de Andrea: "Sacas fuerzas de donde no esperas. Yo me sentía inútil los primeros días y me planteé actuar sin pensar. Me decía a mí misma: 'Si esto le pasara a tu mejor amiga, ¿qué consejo le darías? Pues hazlo, sin pensar si te apetece o no'".

Sal a ligar


Sí, esta es la respuesta más obvia y quizá te parece una utopía, pero estamos seguros de que te equivocas. Si realmente te apetece, es más fácil que nunca, no te dejes amilanar por las nuevas tecnologías. Da igual si la forma más habitual de conocer gente es internet, ¿no estás leyendo ahora mismo esto en formato digital? ¿Quién te iba a decir a los quince que leerías el periódico en un ordenador?

La misma entrevistada ligó mucho antes de lo que pensaba, gracias a una página web, 'Adopta un tío', similar a la más conocida Tinder: "Al principio eres supernegativa, porque piensas que, aunque haya alguien para ti, ¿dónde vas a conocerlo? Y te das cuenta de que las cosas han cambiado mucho. Ahora hay más relaciones abiertas, tienes que cambiar el chip a veces. Pero las aplicaciones son útiles, al menos para distraerte y volver a sentirte dentro del juego". El primer clavo ardiendo al que se agarró Andrea fue un soplo de aire que la oxigenó por completo.

"En mi trabajo", dice otro cuarentón, Sergi, "están enganchados al 'e-darling' como chavales con el 'Pokémon Go'. Un compañero acaba de venir de Cuba, supongo que de ver museos". Y nos parece lo normal: ¿cuándo vas a poder disfrutar del sexo sin consecuencias como ahora?

Ojo, no creemos que echarse en brazos del primero o la primera que pase sea la solución. Pero, parafraseando a Woody Allen, dentro de las cosas frívolas que no solucionan nada, es de las mejores. De nuevo Andrea: "Separarse a los cuarenta es una fantástica oportunidad para poner en práctica todas las fantasías sexuales que la monogamia no te deja hacer". ¿Crees que tu fantasía no va a interesar a nadie? Busca y verás.

Quéjate y llora


No te sientas culpable por llorar, quejarte o 'sobreanalizar' la situación. Hazlo, pero tampoco reserves tiempo para ello. "Como voy a estar mal, prefiero estar mal solo y no cargar a nadie con mis problemas" puede ser una buena idea, pero no durante un mes entero. El tiempo de un recién divorciado pasa más rápido de lo que piensas, no alargues la parte mala castigándote y dándole vueltas a los mismos pensamientos.

Si hay que pensar en algo no te preocupes que lo harás, aunque estés ocupado. Y si das paseos, viajas o quedas con amigos, pensarás menos rato pero de forma más provechosa y relajada.

Con el tiempo, descubrirás que hay algo muy bueno en no tener una gran pasión entre manos. Otro entrevistado que vivió en sus carnes el titular de este artículo nos lanza una definición, la de ataraxia: "Del griego, 'ausencia de turbación'. Disposición de ánimo gracias a la cual un sujeto, mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y deseos, y la fortaleza frente a la adversidad, alcanza el equilibrio y finalmente la felicidad". Y lo traduce en su caso: "Para no padecer depresión ni ansiedad, es buena la tranquila aceptación de las cosas como son". En otras palabras, tenemos que asumir que no hay un remedio mágico y que estamos en una mala racha. "Es un hecho estadístico que de lo peor se sale, por lo menos, a algo no tan malo, aunque en el momento chungo suele parecer más negro de lo que será".

Amigos: el gris marengo está muy bien para un tiempo, y pega con todo.

Dedícate al propio cuerpo


Ya no tienes excusa: no tienes que compatibilizar tus horarios con nadie más.

Quiérete y gústate todo lo que puedas. La pareja da un tipo de confianza especial que nos hace sentirnos atractivos incluso en el peor día, ojerosos y despeinados. Pero es una falsa confianza y ahora sientes que el castillo de naipes de tu 'sex appeal' se va al garete. Te podemos dar varias recomendaciones aquí: la primera, nunca jamás digas 'sex appeal' en público, tienes cuarenta o más, pero no hay por qué dejarlo tan claro en tu vocabulario.

Más: si tu pareja te quitó los complejos, es porque solo eran eso, complejos, y ahora tienes más tiempo para cuidarte porque ya no tienes que ver las películas que le gustan al otro, ni acompañarle a ningún sitio, ni escuchar sus problemas. Porque, recuérdalo, el otro tiene tantos como tú, y ahora solo tienes que ocuparte de tu mitad.

Vuelve al gimnasio, a correr o a la piscina, pierde peso (ya sabes cómo). Cómprate algo de ropa y, por favor, no olvides la interior. ¿Has oído eso de 'la auténtica caridad empieza por uno mismo'? Pues es mentira, menos cuando sustituyes 'caridad' por 'vida sexual'.

Lánzate a una afición


O incluso conviértela en un trabajo.

Ricardo aporta lo siguiente: "Mi separación fue como cuando te sacas del zapato un pedrolo con más filos que una navaja suiza. A los 41 armé otro grupo de rock y tocamos mucho. Descubrí que me quedaba dinero una vez que mi ex ya no podía sacarme cheques de los talonarios para 'noséqué' (a la fecha no sé si era en secreto ludópata, adicta a esnifar rubíes o mantenía a un quinteto de amantes cubanos de gustos caros), así que empecé a vivir como dios. Distintas amigas, viejas y nuevas, acabaron desayunando en casa, profesionalmente empecé a prosperar... y entonces decidí que estaba viviendo demasiado bien, así que procedí a enamorarme de nuevo... Ay".

Un caso paradigmático es el de Mamen, que con cerca de cincuenta se quedó compuesta y sin marido: "Me apunté a clases de boxeo... La de hostias que se llevó el saco. Pero a mí me dejaban nueva. Además el profe estaba 'to' bueno". Obsérvese la elección de términos adolescentes: ya no hay que parecer serio ni maduro, ahora solo hay que ser uno mismo y pasarlo bien.

¿El alcohol vale como afición? Quizá no, pero con moderación puede ayudar. Medio en broma, nos cuenta Damien que, en su caso, "el alcohol es, como diría Homer Simpson, problema y solución de todo". Otro anónimo nos da ejemplos de hombres desatados: "He visto a tipos con más de 40 teñirse el pelo, comprar un deportivo e ir a fiestas universitarias a ver qué sacaban. He visto hacerse perfiles de Facebook e ir a por cualquier cosa con dos patas". Si lo estás leyendo con envidia, ¿quién te lo impidenbsp;

Si todo esto te suena superficial, te entendemos. El proceso es siempre personal e intransferible, ni Brad Pitt lo tiene fácil. Pero si la ruptura ha dolido porque seguías enamorado/a, más motivo para superarlo rápidamente: no hay forma más sencilla de desenamorarse y dejar de sufrir que separarse del origen del dolor. En cualquier momento puedes volver a cometer ese error y pensar que alguien merece la pena, en sentido literal. Plantéatelo como un intermedio divertido entre dos problemas. Si tiene que llegar el amor, llegará, lo sentimos. No te librarás tan fácilmente.

Vía: El Confidencial.