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Phone factor: ¿Necesidad o adicción?


Descubre de qué manera te está afectando estar conectada 24/7. 

Alexandra se siente tensa y ansiosa, con una sensación de peligro inminente. Pero nada justifica esa inquietud, porque la realidad es que ella está cómodamente instalada en un lindo café al aire libre compartiendo una copa de vino con sus queridas BFF, que es como llama a sus amigas del alma.

“Sentía como si me faltara algo vital o una parte de mí”, dice. “Toda la noche estuve inquieta, hasta que llegué a casa y lo tuve a mi lado otra vez”. ¿Habla de un novio? ¿Un esposo? Nada de eso. Su angustia comenzó cuando buscó en su bolso el teléfono celular y recordó que lo había dejado cargando en su casa, y no paró hasta tenerlo en sus manos. ¡No te rías! La realidad es que muchas personas están familiarizadas con esta sensación. Es más: la mayoría de ellas confiesa sentirse “perdida” cuando no tienen su celular al alcance de la mano. Es por eso que se habla de la adicción al teléfono móvil. ¿Te parece una exageración?

Varios estudios recientes aseguran que “adicción” es la palabra correcta. Estos han demostrado que las áreas del cerebro que normalmente se estimulan durante el consumo de drogas también son alteradas durante el uso excesivo del teléfono inteligente. En otras palabras: esas personas reciben la misma estimulación de los centros de placer del cerebro que ocurre con otros tipos de adicciones. Es por eso que su mente y su cuerpo comienzan a desear físicamente el uso del móvil, de la misma manera que un drogadicto desea una sustancia.


La epidemia moderna


Los números no mienten: el usuario promedio revisa su teléfono móvil 110 veces durante el día, lo que significa que invierte un total de aproximadamente 3,6 horas cada día y 25,2 horas durante el transcurso de una semana en su aparato móvil. Si sacas la cuenta de cuánto invierte en un año, te deprimirás. ¿Te imaginas todo lo que sería posible lograr si usaras esas horas en una actividad más productiva? Estudiar, hacer ejercicios, visitar a la familia o preparar comidas hechas en casa… todas esas cosas las podrías hacer. Pero la adicción al teléfono celular no solo roba tiempo, sino que —literalmente— quita el sueño.

Menos descanso


La compulsión por estar “conectada” 24/7 puede causar serios estragos en tu ciclo de sueño, como lo demuestran varios estudios recientes. Ellos han hallado que el uso excesivo de los teléfonos celulares retardan o impiden la liberación de melatonina en el organismo. Recuerda: esta es una sustancia que segrega el cerebro para ayudar al cuerpo a alcanzar un estado de relajación y poder dormir. Las personas que insisten en usar sus teléfonos celulares en la cama o antes de dormir pueden sufrir de insomnio. Y es que la luz que emite la pantalla confunde al cerebro. Este “cree” que no es hora de dormir y no segrega la cantidad de melatonina necesaria para lograr un sueño profundo y reparador, algo que es esencial para tu salud y tu bienestar total.

Persona a persona vs. pantalla a pantalla


El uso excesivo del celular afecta tus relaciones personales. Desde que surgió el teléfono móvil se han realizado muchos estudios sobre el efecto de la tecnología en la interacción social y la calidad de la comunicación. En un experimento realizado en el 2014, los investigadores encontraron que las conversaciones cara a cara, sin la presencia de tecnologías de comunicaciones móviles, fueron superiores, ya que quienes hablaron en persona reportaron mayores niveles de empatía, en comparación con quienes lo hicieron por medio de un celular. ¿De qué manera afectará esto en el futuro a las nuevas generaciones, comenzando por los millennials del siglo XXI? Los estudios sugieren que las personas que se comunican con otras a través del correo electrónico, el mensaje de texto y el video chat, o que transmiten sus emociones con emoticonos, pueden llegar a perder la capacidad de mantener una relación personal afectiva con otras personas.

Desfachatez digital


Otra consecuencia curiosa del uso excesivo de teléfonos celulares es una reducción del nivel de inhibición. Y es que los usuarios pasan tanto tiempo envueltos en los mundos y submundos privados que existen en sus teléfonos —los juegos, el correo electrónico, los sitios en la red, los mensajes de texto u otras aplicaciones—, que pierden el contacto con lo que debería ser el comportamiento adecuado. ¿Ves una relación con la creciente falta de cortesía y/o modales que afecta al mundo?

Peligro inminente


Un aspecto preocupante del uso constante de los teléfonos móviles es la costumbre de hablar, enviar mensajes de texto, leer los correos electrónicos, etc., al conducir el auto. De acuerdo con las estadísticas, el 26% de los accidentes de tráfico en Estados Unidos son causados por esta situación.

A largo plazo


Los estudios sugieren que las personas con una adicción al teléfono móvil pueden caer en un círculo vicioso muy peligroso, pues al intentar estar conectadas 24/7 concentran su atención en las miles de distracciones que les provee la pantalla y, perdidas en su mundo virtual, se desenfocan de sus metas en la vida real. Esto puede afectar su rendimiento y hacerlas perder oportunidades en los estudios y el trabajo. Y aunque todas las personas son susceptibles a esto, son los millennials, la generación del siglo XXI, quienes son más vulnerables a los seductores peligros de la tecnología móvil. El sicólogo Dr. Bart Rossi tiene la última palabra: “Los millennials no usan la tecnología de teléfono inteligente simplemente como un medio de comunicación. Culturalmente es más que eso. Ellos la utilizan para manejar su estándar de vida, tanto profesional como social”.

Hacia el futúro


Por supuesto, toda revolución tiene su contrarrevolución, incluso la digital, y ya existen movimientos antiteléfonos inteligentes en Estados Unidos y otras partes del mundo. Los que participan insisten en nadar contra la corriente, pues se niegan a tener un teléfono móvil (en Estados Unidos, donde un 90% de los adultos tiene teléfono celular, la elección de no poseerlo es un acto de rebelión). Para ellos, las personas ya no están en control de la tecnología, sino al revés, los dispositivos programan la forma en que todos vivimos. Y si crees que pocos comparten esta creencia, te aseguramos que no están solos. Muchas celebridades, aunque lo necesiten por su trabajo y como medio de comunicación innegable, se declaran no obsesivas. El comediante Louis C. K. y el director James Cameron han expresado su convicción de que esos aparatos son nocivos para la sociedad. Lo simpático —o irónico— de este asunto es que puedes leer más sobre estos grupos, o incluso unirte a ellos... a través de Internet.



Por: G.B. Hernández
Vía: VANIDADES.