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Las cinco cosas de los hombres de las que más se burlan las mujeres

Las cinco cosas de los hombres de las que más se burlan las mujeres

Has estado viviendo en una burbuja de despreocupación solitaria mientras las hembras a tu alrededor intentaban corregir tus ramalazos de mamífero a medio evolucionar. Como los caballeros de antaño, sientes que tu casa es tu castillo y eliges inocentemente el camino más rápido a tu satisfacción, sin darte cuenta de que, además de incómodas para la convivencia, estas actitudes son muy graciosas vistas desde fuera con ojos de mujer.

Si no quieres ser un blanco fácil en sus conversaciones con las amigas, disimula estos cinco impulsos primarios que te delatan como un 'machus ibéricus risíbilis al máximus'.

Cierra la tapa del retrete y acompáñanos. Y ponte la corbata derecha, por el amor de dios.

Videojuegos en bucle


Esta es la primera conducta molesta casi imposible de eliminar en los hombres según Natasha Pearl Hansen, cómica y actriz residente en Los Ángeles que ha explicado sus opiniones sobre el particular en 'Men's Health'.

Lo que tú crees es que estás disfrutando del octavo arte como un esteta y demostrando al mundo lo valiente que serías si se produjera mañana un apocalipsis zombi. Lo que ella ve es que prefieres andar haciendo el saltimbanqui por los tejados de Venecia que echar una ojeada a su nuevo sujetador de encaje.

Tú mismo, pero mientras asientes con la cabeza y sueltas un 'ajá' lleno de hipocresía cada tres o cuatro frases de tu novia, estás cavando tu propia tumba. Es el momento favorito de ella para proponerte ir a la boda de su hermana, la que vive a 1.500 kilómetros con sus cinco hijos de menos de ocho años, o para repartir las tareas domésticas.

Asumámoslo: mientras se está en un mundo virtual lo suficientemente bien hecho es imposible mantener una conversación, ese es uno de los encantos de los videojuegos. Si ella quiere hablar, mejor páusala o sufre las consecuencias. "Espera, que estoy haciendo aquí un 'parkour'..." ¿Pero qué demonios es 'parkour'? ¿Cómo esperas contribuir al entendimiento entre los sexos con esos palabros?

Mirarte al espejo mientras te ejercitas


Vale que es loable poner tus músculos a tono, pero da vergüenza ajena que frunzas así los labios, como con deseo, mirándote sudar a ti mismo.

Entendemos que probablemente has leído demasiados cómics de superhéroes, pero va siendo hora de asumir que Hulk te parece más sexy a ti que a ellas. Si te abstraes con tus brazos o tu torso, desde ciertos ángulos los demás verán tu mirada de "estoy que crujo", una expresión que solo se le puede admitir sin carcajada automática a Beyoncé. Cuando lo haces tú, pareces Bono, el de U2.

Luego no digas que no hemos avisado.

Ponerte ropa sucia del cesto


Ahora es cuando los hombres limpios se quejan de las generalizaciones, pero miles de mujeres muertas de la risa no pueden estar equivocadas.

Ver a un macho español sacar disimuladamente una prenda, olerla en profundidad, en plan disfrutón, rociarla con un poco de colonia y ponérsela satisfecho puede no ser la mejor experiencia para el olfato, pero es digno de ver... y de contar a los amigos comunes en el momento más inoportuno.

Te encanta esa camiseta, pero ya se sabe que cuando amas algo debes dejarlo ir. Acepta el ciclo natural de la ropa. Sé fuerte: ¿acaso no has aprendido nada de los héroes de tus videojuegos? Hasta el tatuado más rudo del 'GTA' daría muchísima risa en ese momento.

Exagerar tus dolores


Decía el escritor Juan de Dios Garduño en 'Twitter': durante el parto, el dolor es tan fuerte que una mujer puede llegar a imaginar cómo se siente un hombre con fiebre.

Ese es el tipo de cosas en que piensan ellas cuando un padrastro en el meñique te convierte en el protagonista de la tragedia más cómica posible.

"No puedo pensar por culpa del dolor", "noto cómo arde de la mañana a la noche" o "esto es una muerte en vida" son frases respetables si estás sufriendo un ataque masivo de escorpiones, no te las recomendamos para una indigestión de panchitos en el sofá.

Si no puedes evitarlo, el dolor que te espera es aún peor: el de la humillación en tu misma cara.

Rascarte por placer


En serio, eso que haces mientras ves la tele no es una afición. Ni siquiera estamos seguros de que pueda llamarse "rascar" a esa caricia en la barriga o la cabeza no motivada por picor alguno.

Es contagioso, un poco antihigiénico y, desde el punto de vista femenino, tanta atención hedonista a tu cuerpo es tan divertida como si te sacaras el pene directamente y te masturbaras con ella delante, como si no existiera.

Una versión suave, sin uñas, también queda rarita, pero al menos no te hace parecer tan simio. De todas formas la mejor forma de ser menos hilarante es usando ese instinto de toqueteo para el bien. Dale a la testigo en cuestión un masaje de arriba abajo y verás cómo cambia de idea.

Y otro consejo más: si es ella la que se saca petróleo de la nariz, lo deja todo desordenado o se ducha cada tres días para no gastar agua caliente... no le digas que parece un tío. Eso es un topicazo, hombre.

Vía: El Confidencial.