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Dieta antiestres para supermujeres

Dieta antiestres para supermujeres

¿Eres una de esas supermujeres que vive en un corre-corre diario para tratar de cumplir con todas sus obligaciones? ¿Sientes que tu trabajo nunca termina? Si tu respuesta es afirmativa, apostamos a que, al final del día, en lugar de tomarte un tiempo para relajarte y reponer las energías, haces como el conejito de un famoso anuncio para baterías: sigues en la marcha hasta que acabas estresada. Y mientras más tensa te sientes, más te vuelcas en la comida.

Que conste que esto no es una leyenda urbana. De acuerdo con una nueva investigación llevada a cabo por la Universidad de la Florida, el estrés provoca deseo de comer. Esto se debe a que cuando estás ansiosa, tensa o preocupada, tu cuerpo percibe esto como una amenaza y produce las hormonas del estrés. Estas, a su vez, hacen que te sientas “bajo ataque” y busques el confort a través de la comida. Es por eso que después de un día “intenso” en el trabajo, corres al refrigerador a calmar tu ansiedad con un helado o un pedazo de pastel. ¿Qué tiene esto de malo? Que puedes caer en un círculo vicioso, pues comienzas a preocuparte si estás comiendo de más…, lo cual te genera aún más estrés.

Esto lo vivió en carne propia Lisa Lewtan, la autora de Busy, Stressed, and Food Obsessed! (Ocupada, estresada y obsesionada con la comida), el nuevo libro en el que ofrece poderosas herramientas para ayudar a las mujeres a relajarse y a desarrollar una mejor relación con la comida.

“Hace años traté de ser una supermujer, pero con niños pequeños, un negocio en pleno apogeo y una adicción al azúcar, me desplomé físicamente. Mis esfuerzos para recuperar la salud dieron muchos giros mientras buscaba respuestas. Con el tiempo, empecé a prestar atención a lo que estaba sintiendo mi cuerpo, que era el que tenía las respuestas que tanto había buscado”, dice la también entrenadora certificada en salud.

Si te estás viendo en su caso, las noticias son buenas. Y es que a continuación ella te ofrece cinco fabulosos tips para cambiar tu perspectiva, desarrollar una nueva conciencia corporal y controlar tu obsesión por la comida.

1. Reconoce que el hambre no es la causa, sino el síntoma. La obsesión por la comida tiene menos que ver con lo que comes y mucho que ver con la forma como tratas de escapar del estrés. Comienza a tomar nota de lo que estás sintiendo. ¿Estás estresada? ¿Aburrida? ¿Cansada? ¿Enfadada? ¿Recurres a los alimentos cuando deseas escapar de un sentimiento o un estado de ánimo desagradable? No te “mediques” con ese pedazo de pastel. Desafía el antojo y pregúntate si el “hambre” que sientes está tapando un sentimiento que no se llena con lo que llevas a la boca.

2. Cuando sientas hambre, detente. Este es el momento para investigar qué te provoca ese “vacío”. Pregúntate: ¿Cuánto tiempo hace que comí? ¿Qué estoy haciendo o sintiendo en este momento? ¿Qué es lo que deseo? ¿Estoy comiendo por una razón que no sea el hambre? Esta reflexión te lleva a poner distancia entre el deseo y tu reacción. Entonces descubres que no tienes que correr a llenarte de calorías solo porque te sientes triste o ansiosa. Tú puedes elegir.

3. Toma el control
. Una vez que eres capaz de identificar los “detonantes” que te llevan a comer de más, puedes prepararte mejor para resistirlos y buscar una forma más sana de lidiar con ese sentimiento, como caminar, escuchar música, hablar con una amiga, etc. Por otra parte, si te resulta casi imposible dejar de comer un alimento, el problema podría ser causado por un “disparador químico”. Y es que muchas comidas tienen ingredientes adictivos, como el azúcar, el gluten, el queso, el alcohol y los edulcorantes artificiales. Reconocer la causa de tu adicción puede ayudarte a controlarla. Al mismo tiempo, a menos que seas alérgica a un alimento, no tienes que privarte completamente de él. Pásalo de la lista de “todos los días” a la de “a veces”.

4. Dale una semana de vacaciones a tu organismo. Después de un período de excesos, como al regreso de unas vacaciones, dale a tu organismo un descanso de estos alimentos: azúcar, lácteos, gluten, soya, alcohol, comidas procesadas y edulcorantes artificiales. Mantén o incluye en tu dieta verduras y frutas frescas orgánicas, proteínas de alta calidad, grasas saludables, frijoles (habichuelas, porotos), nueces y semillas. Después, comienza a comer con medida, de uno en uno, esos alimentos que dejaste, para que determines cómo te hacen sentir. Esta es una buena manera de identificar los ingredientes que provocan que comas sin control.

5. No te rindas ni te recrimines. Para poder tener una relación más sana con la comida es necesario que escuches a tu cuerpo y prestes atención a tus emociones. Reconocer tus estados de ánimo y tus “detonantes” te permitirá encontrar el equilibrio adecuado para ti. Recuerda que tu objetivo es lidiar de una manera apropiada con el estrés para sentirte bien emocional, mental y físicamente. En lugar de etiquetar los alimentos como “buenos” o “malos”, identifica los que puedes disfrutar más a menudo o, por el contrario, con menos frecuencia. Poner una connotación negativa en nuestras elecciones alimenticias solo “enciende el fuego” de las recriminaciones y nos mantiene estresadas. Recuerda: el éxito no se basa en la perfección. Como dice el famoso refrán japonés: “Cáete siete veces, levántate ocho”. La clave está en seguir adelante.

Por: G.B. Hernández
Vía: VANIDADES.